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jueves, 4 de julio de 2013

Rodrigo Rodríguez - The Road of Hasekura Tsunenaga (2013)

Rodrigo Rodríguez, nació en Argentina pero ya de niño se trasladó a España. Siendo adolescente se formó como guitarrista clásico pero en cuanto escuchó el sonido del shakuhachi se quedó enamorado de este instrumento, por ello en cuanto pudo se fue a Japón para estudiarlo.

Su primer maestro fue Kaoru Kakizakai del linaje Katsuya Yokoyama. Posteriormente y tras empaparse durante años de la tradición y música japonesa mejoró sus estudios en el 2009 con el maestro Kohachiro Miyata.

Ha dado conciertos por Japón e incluso ha actuado en el Conservatorio de Moscú invitado por el Ministerio del Exterior ruso.

Este disco que quiero promocionar de este artista hispano-argentino es el sexto de su carrera y digamos que es el más purista de todos con piezas contemporáneas de las diferentes escuelas del shakuhachi: Tozan Ryu, Nezasa Ha, Kinko Ryu y Mu-Ryu. Debo agradecer sinceramente a B.M.Records por hacer llegar a mis manos esta primicia.

El disco está dedicado al embajador japonés y samurai Hasekura Rokuemon Tsunenaga (1571-1622) que entre los años 1613 a 1620 encabezó una misión diplomática a España, potencia hegemónica, y al Vaticano en Roma y entre otros puertos europeos desembarcó en la localidad sevillana de Coria del Río (motivo por el cual es uno de los promotores de la obra).

Si eres nuevo en esto del shakuhachi quizás te haga falta enterarte de algunos detalles complementarios que queremos compartir contigo para que te sientas más a gusto.
El "espíritu" del sonido de la flauta shakuhachi es el aire, desde luego. Dicho así, tan crudamente, podría hacerte creer que estoy tratando de tomarte el pelo. Y antes de que sigas indagando esa posibilidad déjame elaborar un poco más el concepto.
Porque no se trata solamente de soplar y hacer botellas. (Sí, ya sé, un mal chiste, pero viene a cuento, ya verás).

A la flauta shakuhachi se le toma verticalmente, del mismo modo que si trataras de hacer sonar una botella, cierto, pero la ausencia de fondo en el otro extremo de la flauta permite unas calidades y juegos de sonido que la hacen muy peculiar y versátil. Pese a contar sólo con cinco agujeros para los dedos (cuatro adelante y uno por detrás) es posible lograr escalas cromáticas completas.

La ejecución tradicional de este instrumento incluye un detalle sumamente interesante: se trata de meditar en el sonido, de mostrar con maestría y soltura la existencia de dos o más sonidos con igual altura pero de diferente timbre en una sola expiración de aire del instrumentista. Así pues, es vital, la presencia de la respiración en el sonido del shakuhachi , pues es precisamente la presencia de este sonido aspero o "sucio" lo que se busca.


Originalmente es un instrumento chino. Cuando llegó a Japón sufrió algunas transformaciones en la lenta evolución aislada que llevó durante centurias. Los monjes de la secta Fuke, practicantes del budismo zen la adoptaron por unas razones muy interesantes (incluso se entrenaban en su uso como arma defensiva), pero principalmente porque resultaba muy apropiada para la práctica de la meditación (sazen) y el control de la respiración , debido a su capacidad de producir esos sonidos asperos que ya mencionamos, y porque "aspiraban" a purificar su propio espíritu a través de ellos.

Así pues -ya ves- el espíritu del aire en las notas y la diferencia de timbres en un sólo sonido del shakuhachi (como en el Khoomei) es lo que hace tan especial a este instrumento con el que Rodrigo Rodríguez nos deleita.

En realidad el shakuhachi es un instrumento bastante apreciado y que actualmente cuenta con suficiente público. Ya en 1974, Tangerine Dream incorporó su sonido (sampleado, claro) en el disco Phaedra, y lo mismo Schulze en Beyond Recall o en Trancelation (durante su fase Whanfried). ¡Un saludo a nuestros amigos electrónicos!
Bien, con estos pequeños datos en mente ya tenemos suficiente para apreciar en su justa dimensión este fenomenal disco (que queda perfectamente "sincronizado" con la reciente inauguración que Faustinger ha hecho de las músicas meditativas). Notarás cuánto espíritu tiene y cuánto bien nos hará, en especial en los tracks donde hay duétos de shakuhachi ¡una caricia para el intelecto y para el alma también!

De cualquier manera se puede apreciar así sin tanta advertencia, su calidad musical es suficiente. Pero con una pizca de esfuerzo intelectual le sacaremos todo el provecho. No, no hace falta aprender a meditar, ni sentarse en flor de loto ni ninguno de esos ritos especializados.

Bastará con cerrar tus ojos, visualizar una llama encendida y prestar atención al aire y a las notas. O más fácil aún: enciende una vela en una habitación con poca luz, siéntate frente a ella con esta música especial en primer plano auditivo y observa a la llama moverse con la cadencia de las notas (harás un poco de trataka, que es un poco diferente del sazen, pero que igual te servirá). Notarás con sorpresa cuántas veces las notas y "el espíritu del aire" se sincronizarán a la perfección con el vaivén de la luz. Casi como si tú mismo soplaras ese viento invisible. ¡Haz la prueba, anda, te aseguro que no te arrepentirás!

        

Podéis conseguir la música en los siguientes enlaces, próximamente también estará disponible en España en formato físico, ya os avisamos en cuanto tengamos información de ello. También os comento que este viernes toca un concierto en A Coruña en el Palacio de Congresos y Exposiciones a las 17:00 horas y el día 13 de julio tocará en Vigo en el Centro Los 3Mundos a las 21:00 horas.


1 comentario:

culturalibre dijo...

Siempre me han gustado los sonidos de los distintos tipos de flauta... ¿Recordais esa pieza de flauta del tema "Bourée" de Jethro Tull, que tiene una pieza de flauta basada en una composicion de Bach?

Pues esto de Rodrigo Rodríguez es un estilo así de dulce y sensible, con el matiz nuevo para mi que aporta la flauta shakuhachi.

Yo es que soy muy golos para todo, ¿se me nota, no?